Terminamos ahí, en el lugar donde menos quería estar. No faltaba más. Después del dolor de esa aguja incrustada en mi brazo, las cosas no podían estar peor. Y todo por estar ahí buscando esa pinche plantita de “el día de el árbol”. Mi mirada hacia él fue de rabia, de esa rabia que ni la cosa mas dulce puede apagar. Y él, que no se como lo logra pero siempre me miraba con una sonrisa y me decía: ¿Y esta es la nueva generación?
Ahora que lo pienso, a veces quisiera estar lejos y a la vez cerca de mi generación. Sin duda, algunas cosas son repugnantes y otras fabulosas. Pero lastimosamente no las podemos distinguir. Y no porque no sepamos, sino porque a veces trabajamos de torpes.
Estuvimos ahí como trece minutos, esperando que nos donaran las plantas. Pero estas nunca llegaron. Las señoras pupuseras nos hicieron esperar más, con sus pláticas sin sentido. Yo estaba a punto de estallar, el calor era intenso y la desesperación no me dejaba en paz.
Mi padre con decepción solo me dijo: vámonos, ni modo ya no vinieron. Yo me sentí tan feliz, pero a la vez algo en mi me gritaba que me acercara a esa mini casita del fondo. Tenia un rotulo muy grande que decía: “Sala nacional de exposiciones Salarrué”. En ese momento me quite el orgullo y le dije: No estoy aquí por gusto, llévame a conocer. No se como esa petición tan extraña salió de mi boca. Él con cólera por mi desinterés de conocer cosas nuevas, no me miro. Simplemente entramos ahí. El vigilante me pidió mi firma, por lo visto no muchas personas visitan el lugar. Pues el gran libro de firmas solo tenía unas pocas paginas llenas.
Mire con sigilo. Estaba totalmente asombrada, me pasee por el lugar despacio para no perderme de nada que pareciera importante. Comencé a ver unas pinturas hermosas, llenas de colores y de rostros interesantes. Ese ha sido el momento en donde yo me e sentido mas tonta, en toda mi vida. Me sentí como la persona más pequeña del mundo, pues estaba ante los más grandes. Es que, ¿Cómo uno de joven puede ser tan indiferente ante estas maravillas?
Hubo un momento donde mi corazón estallo. Estaba frente a un dibujo de Saúl Ayala, de “la serie decadencia”. Me quede muda y mi padre solo repitió: estos si son grandes, ¿verdad? No supe que decir, el asombro me gano. Vaya que él si es un artista de verdad, no como a los que estoy acostumbrada a ver, dije en secreto.
Luego de estar un tiempo observando nos subimos al carro. El regreso a casa fue muy callado. Nadie se atrevió a decir palabra alguna. Simplemente llegue a casa, con algo nuevo que contar.
1 comentarios:
interesante fatooo!
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