domingo, 4 de julio de 2010

Azul oscuro


Chaqueta negra ojos hundidos un par de lentes graduados resguardan sus ojos llenos de insensibilidad, solo teniendo en mente la obsesión y avaricia que ha sido a lo único que le ha sido fiel a lo largo de su vida. Es así como este infeliz abogado intenta sacar de esos barrotes llenos de angustia, utilizando los debidos procesos civiles llenos de falsedad y corrupción, a ese asesino de esas treinta y dos personas inocentes que lastimosamente no lograron pagar a tiempo toda esa cantidad exagerada de dinero que se les pedía, fueron asesinados solo por el hecho de darle sustento a sus familias, y tampoco tuvieron la confianza necesaria para acudir y denunciar su caso en la Policía debido a que no existe protección necesaria a las víctimas en nuestro país.

Lo apodaban “el lobo”, nunca revelaba su identidad. En su mesa de noche hay tres cigarros franceses los famosos Gitanes, los cuales fumaba mientras pensaba en todo lo que había logrado, y todo eso que jamás tendrá. Su vida se tornada cada día más gris con tan solo observar que todos los privilegios que poseía en aquella casona donde vivía no existían en ese lugar que era muy parecido al infierno. Su prisión está llena de esos asquerosos animales que provocan picazón en todo el cuerpo haciendo unas picadas del gran tamaño de la verruga que lleva en su rostro malévolo y nada agradable. Provocando cada vez más miedo con esos ojos profundos color negro que hacen matiz con su cabello repleto de piojos y suciedad a causa del hacinamiento en la cárcel de Mariona, viste una camiseta desmangada que se había trasformado en color gris, un short y unas chancletas azules de hule que había conseguido intercambiando todas las burbujas de champú que poseía.

“El lobo” tiene varios amigos clandestinos como por ejemplo: un grupo de oficiales policiacos a los cuales soborna y ellos sin dudarlo aceptan la recompensa, uno que otro diputado de la asamblea legislativa y sobre todo tiene a su pandilla de su parte pues él es el cabecilla. Esta era la encargada de recibir de una manera muy peculiar a los nuevos reos que llegan a la cárcel violando totalmente sus derechos y esforzándose también para hacerles pasar los días más difíciles a los reos y a los ciudadanos salvadoreños.

El ambiente en que el desempeña su día a día provoca para él una desesperación inigualable pues él se encuentra en un desorden donde ni siquiera se puede dormir en paz debido a la incomodidad. Está rodeado de un olor desagradable a orina y a excremento y a veces hasta de vomito al estar su sanitario descompuesto teniendo muchos compañeros de celda muy enfermos debido a la baja calidad de alimentación y por la existencia de un sinfín de pestilencias. Él trata de sobrevivir a esta humillación pues ni siquiera puede observar la luz del día, no puede sentir el aire fresco de las mañanas. Solo puede observar por aquella pequeña ranura en el techo el azul oscuro del cielo y está seguro que muy pronto gracias a sus contactos saldrá de ese asqueroso lugar en el que ha permanecido dos años. Y sin duda seguirá enriqueciéndose cada día más de la pobreza de los salvadoreños que no tenemos ningún apoyo que nos ayude a terminar con esta pesadilla.

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