Ya han pasado varios años desde que la crisis salvadoreña se ha ido acrecentado sin desmesura. Muchas personas, en son de “excusar” sus malas prácticas, le adjudican a la crisis un pequeño error del gobierno actual. No el del FMLN, claro está, sino que del presidente Mauricio Funes. Irónicamente aquí el que tiene más culpa es el presidente. Sin afán de condenar a nadie, explícitamente expongo que: es irónico, descarado y hasta cierto punto burlón la manera en cómo cada presidente que ha llevado (para bien o para mal) el mando de nuestro país, se ha lucrado de cada uno de los individuos de la nación.
Aquí no se habla directamente de partidos políticos, más bien de personas dispuestas a condenarse por el pueblo, mas no por la ley. Para mencionar nombres, el presidente Francisco Flores, poco tiempo después de su mandado desapareció de manera “confidencial”. Sorpresivamente tiempo después se descubrió que existían algunos vacios en cuentas nacionales muy importantes. ¿Fue condenado por las leyes salvadoreñas? No, pues todo su grupo de “buenos amigos” seguramente fueron cómplices. ¿Fue condenado por el pueblo salvadoreño? Sin duda que si, al menos por la mayoría, la cual sufrió de cerca los desajustes económicos.
Y así, se podría dar una cátedra completa de lo “mal portados” que han sido nuestros presidentes. En el caso actual, a nuestro mandatario Mauricio Funes, el cual tiene falta de humildad y exceso de vanidad y rebeldía; se le externa constantemente lo cansado que esta el pueblo de ser engaños, y sobre todo cansados de ser manipulados de manera obsesiva a asentir a cualquier petición. El pueblo dice sí a los altos precios de la canasta básica y dice sí al elevado costo de la vivir, solo para sobrevivir.
A muchos salvadoreños se nos priva de salud, de educación, de agua, etc. Muchos ni quiera poseen luz en sus casas. Y para nutrir esta situación, dependemos de un país (Estados Unidos) el cual se encuentra en crisis económica. ¿Adónde iremos a parar? Si nuestros hermanos lejanos ya no poseen los recursos necesarios para enviarnos sus remesas, remesas de las cuales dependemos la mayoría de familias. Todas estas circunstancias, sin duda, son la consecuencia de un pasado y un presente que han ido destruyendo poco a poco nuestro país.
Salvadoreños, recordemos que nosotros somos los que elegimos a nuestros mandatarios, es nuestro derecho que ellos rindan cuentas de su trabajo. Solo percatémonos de cómo nuestros patrones, sin piedad alguna, nos exigen detalladamente una buena ejecución de nuestro trabajo. También nosotros como pueblo, podemos exigir una buena ejecución del mandato. Porque si el gobierno nos controla a nosotros ¿Quién los controla a ellos? Es momento de dejar la sumisión de lado y darnos la oportunidad de denunciar al corrupto. E independientemente cual sea nuestro trabajo, brindarle a nuestros hermanos salvadoreños un buen servicio.
Si todo el pueblo se une, seguramente el éxito vendrá por añadidura. El salvador es un país que necesita un cambio radical, lo único que necesita es abandonar el silencio.
domingo, 30 de octubre de 2011
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